Al bajar las escaleras, aparece una franja de arena rojiza y gruesa que remonta las dunas que se acumulan unos metros detrás de la orilla del mar, rematadas por el verde esponjoso de los socarrells. Lo arcilloso del paisaje puso de moda los baños de arcilla, algo totalmente prohibido en la actualidad: era eso o perder la playa por la terrible erosión. Mejor seguir disfrutando de esta playa marciana. Eso sí, mejor cuando no sople la Tramuntana, que entonces es algo incómoda.
https://viajes.nationalgeographic.com.es/a/playas-mas-bellas-menorca_15626/4
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